
La Iglesia Católica hace lo mismo en honor a Jesús; en una procesión dentro de la Iglesia, el arzobispo transporta al Santísimo, una joya de oro y piedras preciosas que lleva incrustadas fragmentos de la Verdadera Cruz de Cristo. Los canónigos visten la sotana, una capa negra y la capucha de la que se desprende la cauda, una tela negra de varios metros de largo que cae por sus espaldas y se arrastra por el suelo. Luego, bate sobre los canónigos postrados frente al altar mayor una gran bandera negra con una cruz roja en el centro, para pasar a los religiosos “la energía, los méritos y el espíritu” del Salvador.
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