
Para comprender la importancia de la Misa Crismal hay que recordar lo que sucedió el Jueves Santo. Día en que Jesucristo reunió a sus discípulos y lavó sus pies en signo de humildad. Jesús se retiró su manto, símbolo de maestro, se amarró una toalla a la cintura y se puso a lavar los pies de sus discípulos. Luego se cumple el rito propio de los judíos que era la Cena de Pascua en la que se conmemoraba la salida del pueblo judío de Egipto, durante esta cena se comía el cordero junto con una salsa blanca y hierbas amargas. La salsa blanca como recuerdo del mortero, la mezcla que sirvió para unir los ladrillos de Israel, y las hierbas amargas como memoria de los años de amargura y esclavitud del pueblo judío en Egipto. Se tomaba también dos copas de vino y pan ácimo (pan sin levadura) pues el pueblo en la apresurada salida de Egipto, no tuvo tiempo para hacer leudar el pan.
En la Última Cena, Jesucristo tomó el pan ácimo y la copa de vino e instituyó la Nueva Alianza: en la que Jesús es el cordero pascual. Entonces tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo entregó a los discípulos diciendo “este es mi cuerpo que será entregado por ustedes”. La copa de vino es el cáliz de la Nueva y Eterna Alianza “que será derramada por ustedes y por todos para el perdón de los pecados”, es aquí cuando se instituye la Eucaristía o Santa Comunión, que es la parte principal del servicio religioso en el catolicismo cuando se recuerda la transformación del cuerpo y la sangre de Cristo en el pan y el vino y el paso de Jesucristo hacia el Padre.
Para recibir la comunión y recibir así a Jesucristo, se realizan misas a lo largo de la tarde del jueves, luego se visita los siete monumentos, es decir las iglesias, para recordar los pasos en que Cristo fue ajusticiado en su ir de Herodes a Pilatos. Para erigirse como monumentos, las iglesias adornan sus altares con telas, damascos, platería, se coloca un tabernáculo y en su centro el copón con las hostias como recuerdo de que Jesús ha sido tomado preso. Tras la misa de las seis mueren las campanas y ya no repicarán más sino hasta el Sábado Santo por la noche durante la Vigilia Pascual en honor a Cristo. En el Centro Histórico 40 iglesias exhibirán sus altares en sus mejores galas en la noche del Jueves Santo.
Las palabras del fallecido papa Juan Pablo II, en el Jueves Santo del año 2002 aclaran aún más la dimensión de esta jornada de recordación para la religión católica: “El Maestro Divino nos ha encomendado, en la Eucaristía, la celebración de su sacrificio, llamándonos así a su especial seguimiento. Por eso, a lo largo de esta celebración, le reafirmamos todos juntos nuestra fidelidad y nuestro amor, y, confiando en el poder de su gracia, renovamos las promesas que hicimos el día de nuestra ordenación... ¡Qué grande es para nosotros este día! El Jueves Santo, Jesús nos convirtió en ministros de su presencia sacramental entre los hombres. Puso en nuestras manos su perdón y su misericordia, y nos hizo el regalo de su sacerdocio para siempre.”
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