Tras el rezo del Vía Crucis en la mañana, la comunidad religiosa de Quito forma parte de la impresionante procesión de Viernes Santo que parte de San Francisco. Se estima que en los últimos años alrededor de 90 mil personas han participado en esta procesión, sin contar con los miles de espectadores que desbordan el Centro Histórico. La procesión empieza a las 12 del día en recuerdo de la hora en la que Poncio Pilatos condenó a muerte a Jesús. Los cucuruchos, junto con las Verónicas, son las figuras tradicionales que acompañan a Jesús del Gran Poder y a la Virgen Dolorosa.
Los cucuruchos simbolizan a los penitentes que, vestidos con túnicas moradas y bonetes altos en forma de cono, muestran su arrepentimiento y su voluntad de cambio. Las Verónicas son las mujeres que recuerdan a aquella que se acercó a Jesús mientras iba al Calvario y le limpió el rostro cubierto de sudor y sangre y en cuyo lienzo habría quedado impregnado el rostro de Jesucristo. En Quito, las Verónicas también visten de morado y llevan el rostro cubierto con un velo negro.
El recorrido inicia en San Francisco, y termina este mismo lugar a las tres de la tarde, la hora de la muerte del Señor, y el descendimiento se realiza a las seis de la tarde, hora en que termina el día para los judíos.
En muchas iglesias existe la ceremonia de las Siete Palabras y la impresionante ceremonia del descendimiento en la que el sacerdote, desde el púlpito, narra cómo las santas mujeres y un grupo de Apóstoles se encargaron de dar sepultura a Jesús. Durante la narración, los monaguillos quitan los clavos de la imagen de Cristo crucificado y depositan su cuerpo en manos de mujeres vestidas con túnicas y luego en un cofre adornado de flores y rasos blancos. Tras el descendimiento inicia la procesión con el cristo difunto llevado por los Santos Varones, hombres que llevan un turbante blanco en la cabeza, las albas.
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