Domingo de Ramos, ritual de bendición con agua y palmas

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Domingo de Ramos, ritual de bendición con agua y palmas

Los arreglos de albahaca y romero, la presencia de los niños y el sermón jubiloso marcan la jornada del inicio de la Semana Santa en Quito.

Las iglesias parecen inmensos campos verdes el Domingo de Ramos. Miles de fieles llegan a sus altares para bendecir sus palmas. El Domingo Santo todos madrugan. A las ocho de la mañana parte la procesión desde la Basílica del Voto Nacional hasta la plaza de San Francisco. Es la representación de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén y de la bienvenida al rey de los judíos. Los quiteños recorren las calles del Centro Histórico entonando cantos de alabanza: “Hosanna en las alturas, bendito es el que viene en nombre del Señor…”

Desde la basílica, cuesta abajo, las calles se tapizan de palma, albahaca y romero. Ya en la plaza, al pie del atrio de la iglesia de San Francisco, los devotos ondean sus ramos sin descanso, de principio a fin, durante la misa campal. Los niños se hallan a sus anchas, juegan con los adornos tejidos de palma, traídos desde la casa o comprados a las vendedoras de ramos que se ubican a lo largo de la calle Bolívar, desde la Cruz Verde. Los arreglos cuestan de uno a diez dólares. La plaza está repleta con alrededor de cinco mil personas. No solo se bendicen los ramos, sino todo, desde la chompa de cuero hasta la imagen de La Dolorosa. Hay niños que a la hora de la bendición levantan sus peluches y pelotas. Es Domingo de Ramos, todo se bendice. Es la fiesta de bienvenida para el Cristo Redentor.

La misa campal termina a las diez de la mañana. Los fieles recorren otros templos como La Merced y Santo Domingo, no importa si sus palmas ya recibieron el agua santa. Otra vez, por si acaso, está bien. Refuerzan su fe. También en la Plaza de Santo Domingo se concentran para una liturgia al aire libre. Hasta allá llegan los vendedores ambulantes.

Arreglos de largos y esbeltos ramos decoran los altares de El Sagrario, Santa Catalina, El Carmen Alto, El Sagrario, Santo Domingo… Aquí, los religiosos dominicos colocan grandes esculturas entre la nave central y las dos laterales como una marca especial del comienzo de la Semana Santa: San Juan, María Magdalena, el Ecce Homo, la Dolorosa del siglo XVIII. El año pasado se estrenaron imágenes del Jesús del Gran Poder, San Pedro y la Virgen de la Piedad, talladas en Ibarra.

Al caer la tarde, el Centro Histórico de Quito se vacía, en las plazas de piedra quedan los restos de albahaca, romero y palma. Los que no pudieron pagar por los adornos los recogen y arman sus propios ramos, entran a los templos ya desolados y secretamente los bendicen, no importa si el agua bendita se ha agotado.